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En el camino diario, los adultos nos perdemos en la rutina del trabajo y en los problemas diarios, nos enfrascamos muchas veces en conflictos que no llevan a ningún lado y no buscamos soluciones a pequeñas cosas que después terminan convirtiéndose en grandes océanos de problemas. Es mejor creer en la democracia que dejar de creer en ella, y es aún mejor saber que saliste a votar y que no te quedaste con todas esas ideas tontas y alocadas que nos alejan de este gran derecho que tenemos como ciudadanos.
Al salir a votar, decidimos por un momento abandonar la rutina del trabajo, dejar a un lado los conflictos por los que pasamos y buscar nuevas soluciones levantando la mano y afirmando a todo el mundo: “Aquí estoy, mi voto vale, mi voto cuenta, tengo el derecho a decidir y eso haré”. Votar se convierte entonces en una fiesta, en una gran experiencia, en un momento para compartir con los amigos y la familia, al hacerlo nos sentimos felices y orgullosos de ser americanos.
Debemos reconocer a todos los que decidieron votar porque esto los hace ser mejores personas y les permite enseñarle a los jóvenes que si votamos, cambiamos el curso de las cosas: la rutina del trabajo se convierte en alegría por trabajar, los problemas diarios tienen nuevas soluciones. El sol ha salido para todas y todos y en este periodo electoral, nuevamente los latinos caminamos juntos hacia un amanecer más justo y con nuevas oportunidades.

